Grandes Ligas
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La primera gran disputa entre las Grandes Ligas de Beisbol con los jugadores desde la huelga que acabó con la Serie Mundial de 1994 podría prolongarse lo suficiente como para poner en peligro el inicio de la próxima temporada.

En la jornada en que los propietarios de los equipos bloquearon a sus jugadores al expirar el acuerdo de negociación colectiva, no se programaron conversaciones entre ambas partes. Sin embargo, todos aseguran estar dispuestos a retomar las negociaciones en cualquier momento.

El comisionado de las Grandes Ligas, Rob Manfred, anunció el cierre patronal poco después de la medianoche del miércoles, calificándolo como el mejor mecanismo para proteger la temporada 2022.

Horas después, Manfred compareció ante periodistas y declaró que el objetivo del cierre patronal era dar un sentido de urgencia a las negociaciones.

«La gente necesita presión a veces para llegar a un acuerdo», afirmó. «Sinceramente, nosotros no sentimos esa sensación de presión en la otra parte durante el transcurso de esta semana. La única herramienta de la que se dispone en virtud de la Ley (de Relaciones Laborales Nacionales) es la ventaja económica».

El cierre patronal pone fin a las transacciones de agentes libres y prohíbe la comunicación entre los equipos y los jugadores que están en el sindicato. Además, impide a los peloteros utilizar las instalaciones de las franquicias.

«Desde que las Grandes Ligas decidieron bloquearnos no puedo trabajar con nuestros increíbles fisioterapeutas del equipo que han estado dirigiendo mi cuidado/progresión después de la cirugía», lamentó en Twitter el lanzador de los Yankees de Nueva York Jameson Paillon.

Por su parte, el director ejecutivo de la Asociación de Jugadores de Grandes Ligas, Tony Clark, calificó la medida de «drástica e innecesaria».

El ejecutivo también afirmó que la «Carta a los Aficionados» de Manfred, publicada el miércoles para explicar su decisión, contenía «tergiversaciones».

«Habría sido beneficioso para el proceso haber pasado tanto tiempo negociando como parece que se invirtió en la carta», dijo Clark.

El fantasma de 1994

Incluso con esta paralización de las operaciones, las presiones financieras para ambas partes podrían demorarse hasta finales de febrero.

Un golpe aún mayor para esta industria de 10.000 millones de dólares sería llegar sin acuerdo al inicio de la temporada el 31 de marzo.

«Espero que las partes vuelvan a la mesa y lleguen a un acuerdo», dijo Manfred. «Especular sobre fechas límite a estas alturas, no es productivo, así que no lo vamos a hacer».

Esta situación «no es algo bueno para el deporte», admitió Manfred. Asimismo, insistió en que los cambios que quieren los jugadores, como la agilización de la agencia libre y la reducción del reparto de ingresos entre los equipos, son malos para el deporte, para los aficionados y para el equilibrio competitivo.

Este cierre patronal es el primero desde la amarga huelga de jugadores que acabó con la Serie Mundial de 1994. En ese entonces la huelga derivó en una campaña de 1995 acortada.

El enfrentamiento generó gran controversia y decepción entre los aficionados y la asistencia a los estadios y las audiencias televisivas se desplomaron.


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