Hace menos de un mes, La Guaira tenía el peor pitcheo de la liga y luchaba por mantenerse lejos del último lugar. Hace menos de un mes, era impensable creer que La Guaira sería el segundo equipo en celebrar su clasificación matemática y que, además, lo haría con un grupo que juega con ímpetu y éxito arrollador, serio aspirante a conquistar el primer lugar en la tabla de posiciones.

El vuelco que han dado los Tiburones es tal, que por primera vez en muchos años es válida la pregunta que se hacen los pacientes y sufridos aficionados de la histórica divisa: ¿será que este es el año, por fin?

Los litoralenses no ganan un título en la LVBP desde el campeonato 1984-1985. Aquella Guerrilla era casi indetenible y daba gusto verla jugar. Esta réplica de hoy no cuenta con aquellas figuras, entre otras cosas porque nadie puede usar a sus grandeligas y a sus prospectos de Ligas Menores, debido al veto de la MLB. Pero los rivales pueden dar fe que vencer a los salados se ha convertido, en este instante, en la tarea más difícil de cumplir.

Lara es fiel testigo de esa transformación. Después de derrotar dos veces a los dirigidos por Renny Osuna, volvieron a verlos el domingo y perdieron una ventaja de cuatro carreras en el noveno inning, cuando ya celebraban la victoria. Y este miércoles fueron adormecidos por el pitcheo de los acuáticos, con un Ángel Ventura que mantuvo medio juego sin hits y un sólido bullpen que completó sin apremios el blanqueo a seis manos.

Los bates guairistas explican en parte la remontada. El average colectivo de .300 da ejemplo de productividad. Cardenales tuvo que medirse en el Universitario con un lineup que incluyó siete de nueve hombres por arriba de las tres centenas, y eso a pesar de que Juan Apodaca tuvo que llevarse su promedio de casi .400 a México, donde debe cumplir trámites migratorios familiares.

Este feliz e inesperado florecimiento de los Tiburones no sería tal, empero, si el departamento de lanzadores, el tradicional lado flaco de la escuadra, no se hubiera recompuesto a partir de una rotación que ha mejorado y un bullpen que tienen nombre y eficiencia.

Ventura y el brasilero Murilo Gouvea han ido de menos a más, uniéndose a Wander Beras para formar un trío de largo metraje que dio estabilidad al staff. Y para mantener ventajas han reunido al bigleaguer Edubray Ramos, al cubano y multiganador del premio Cerrador del Año Hassán Pena, a un seguro Rafael Cova y al cerrojo Gregory Infante, el líder en salvados del torneo.

Hay otros protagonistas que se agrupan discretamente detrás de quienes aparecen en las primeras planas. Y también hay lados flacos que representan una amenaza. El relevo intermedio no es tan dominante como el bullpen A, el resto de la rotación mantiene sus altibajos y Beras está temporalmente fuera por lesión. Pero los de Osuna siguen sumando lauros, festejando y pensando en grande.

El camino a la corona requiere todavía sacrificios y correctivos. La brega en enero promete ser dura y La Guaira tendrá también que luchar contra la historia, porque tener tanto tiempo sin coronarse también pesa. Pero algo parece muy claro en estos días: hacía mucho tiempo que los Tiburones no mostraban esta cara de ganadores.


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