Alí Castillo fue una de las figuras de las Águilas en la campaña pasada / Archivo

¿Qué similitudes comparte un pelotero con una persona común? Tal vez al levantarse por las mañanas, aún soñoliento, piensa en quedarse cinco minutos más en la cama junto a su esposa. A lo mejor, luego de desayunar, se le antoja surfear las redes sociales para estar al tanto de las nuevas del día. Luego, puede que dentro de sus pensamientos más remotos y cansado de la rutina desee saltarse un día de trabajo para permanecer en casa, ver el día pasar y dedicarle tiempo a su bebé. Pero cuando se ha nacido para ser grande, ni siquiera el cansancio es excusa para retener a quien desde los 4 años de edad ha soñado con pisar las ligas mayores de beisbol profesional.

En aras de darle forma al deseo, Alí Castillo emprendió su vuelo a los Estados Unidos para jugar en las menores con los Yanquis de Nueva York y los Gigantes de San Francisco. Cambiar su imaginario fue difícil, confiesa, pero las ganas de cumplir su mayor meta, ser un grandeliga, supera cualquier obstáculo que se interponga en el camino.

“Tanto los Yanquis como los Gigantes me brindaron mucho apoyo, me hicieron sentir cómodo, ya que adaptarme a lo nuevo fue bastante difícil: un idioma, comida diferente… Fui acostumbrándome a la situación, gracias a Dios. A pesar de que todavía no se ha dado, seguimos trabajando duro para llegar a donde queremos estar”.

El infielder de las Águilas del Zulia, quien cuenta con 29 almanaques de vida, admite que la disciplina es el motor que lo ha llevado a conquistar paulatinamente sus objetivos como beisbolista. “Toda mi vida mis padres me inculcaron las ganas y el deseo de jugar. Me aconsejaron que tuviese disciplina y que me esforzara siempre”, acotó Castillo, quien hoy por hoy es líder en bateo de la LVBP con un promedio de .408.

Las cosas pequeñas. Después de lesionarse un dedo diestro el pasado octubre, quien lleva la camiseta 22 de los rapaces recobró en tiempo récord la movilidad de su miembro superior. “Cuando me fracturé lo único que pensaba era en recuperarme y regresar al terreno. Siempre me mantuve positivo y no paré de trabajar”. Así, con la determinación del que puede mover montañas, Alí retoma poco a poco el terreno de juego, lugar en que el pelotero aniquila con entereza cualquier posibilidad de igualarse con un humano común.


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