La reproducción de corales en cautiverio, que puede ocurrir en agosto próximo en una o dos noches con la complicidad de la Luna, es el siguiente paso de un plan nacional para salvar de una grave enfermedad a varias especies de estos animales en Florida.

El ataque a 23 especies de corales de una enfermedad endémica del Gran Arrecife de Florida en los últimos cinco años unió a la comunidad científica en Estados Unidos para extraer del mar un millar de estos animales que aún están sanos, preservarlos y lo más difícil, tratar de reproducirlos.

En vez de competir por ser el primero en la conservación de corales, aproximadamente 60 entidades oficiales y privadas esperan salvar para el futuro algunas de las 60 especies de coral que hay en el país, de entre 600 y 700 que existen en el mundo, explicó a EFE Andrew Baker, profesor de Biología Marina de la Escuela Rosenstiel de Ciencias Marinas y Atmosféricas de la Universidad de Miami.

El problema es tan crítico, señaló Baker, que por primera vez una autoridad ambiental estatal permitió este año sacar del mar de los Cayos de Florida estos corales, antes de que los ataque el mal, que representan a alrededor de 15 especies.

Casi 800 de los corales recolectados han estado al cuidado de David Ehrens, de la Escuela Rosenstiel, que los alimenta con un polvo de plancton, mantiene la temperatura del agua regulada entre 27 a 28 grados centígrados, les suministra dosis precisas de luz solar y revisa constantemente «si están pálidos, si no están muy felices».

Ehrens explicó que no es muy claro cómo reproducirlos fuera de su ambiente, ya que hay muchas cuestiones físicas y químicas que influyen.

«Varias cosas les dicen a los corales que se reproduzcan, el más conocido es el ciclo lunar, y este sucede en agosto», manifestó el gerente del laboratorio de la escuela.

El mes próximo habrá así una gran oportunidad de tratar su reproducción en cautiverio, imitando además su hábitat, que no se puede perder.

«Lo grandioso y fascinante de los corales es que una o dos noches al año, típicamente muchas especies de coral lanzan sus óvulos y esperma en una sola noche se mezclan, se fertilizan entre sí y producen pequeñas larvas de coral», explicó Baker.

El experto en conservación marina recordó que los corales son animales aunque a la gente le cueste trabajo creerlo, y como tal hay masculinos, femeninos y hermafroditas, que eventualmente en los estanques podrían en teoría producir «cientos o incluso miles de bebés de coral».

Sobre la enfermedad, Baker explicó que probablemente es de origen bacteriano porque responde a los antibióticos y que podría estar relacionada con el trasiego de cruceros.

«Quizás está siendo transportada por barcos», advirtió Baker al señalar que los lugares en donde está apareciendo «no coinciden realmente con los patrones de circulación natural del océano» sino con la cercanía de puertos.

Se lamentó que la enfermedad, que está amenazando de 22 a 23 de las 50 especies que tiene Florida, se notó por primera vez en septiembre de 2014 cerca del puerto de Miami, en Virginia Key, y «se ha extendido en los últimos meses a las Islas Vírgenes, Jamaica e incluso México».

Esta emergencia obligó a extraer corales de las Islas Marquesas y el Parque Nacional Dry Tortugas, las áreas más meridionales del Gran Arrecife de Florida, que aún no han sido atacadas por el mal, y llevarlos en su mayoría a tanques de la Escuela Rosenstiel antes de que la enfermedad se extienda y los mate.

La idea, subrayó, es preservar «toda esa diversidad genética, lo que podría ser realmente importante para ayudar a los corales a sobrevivir en el futuro».

«Estamos preservando la diversidad genética de unas 15 de las 22 especies», precisó el biólogo, que junto con su equipo está repartiendo los corales entre instituciones de la Asociación de Acuarios y Zoológicos del país que emprenderán la difícil tarea de reproducirlos.

La enfermedad tiene desconcertados a los biólogos por la cantidad de especies que ha afectado y su persistencia.

«La mayoría de las enfermedades de los corales tiende a influir en solo una o dos especies», enfatizó.

Además, destacó, la mayoría de los males de los corales ocurren en los cálidos meses de verano y luego, cuando las temperaturas comienzan a descender en el invierno, desaparecen.

Sin embargo, ese no ha sido el caso de esta afección, de la cual además se desconoce el patógeno que la provoca, lo cual evita que se pueda aislar para después reintroducirlo y ver si la causa.

«Esta enfermedad, que se denomina enfermedad de pérdida de tejido coralino pedregoso, es inusual en el sentido de que ha hibernado en los últimos cinco años y parece que no va a desaparecer», subrayó Baker.

Ambos científicos tienen la esperanza puesta en este proyecto impulsado también por la Comisión de Conservación de Pesca y Vida Silvestre de Florida, la Administración Nacional de Océanos y Atmósfera y decenas de organizaciones para rescatar estos animales.

Esperan algún día, cuando pase la enfermedad, reintroducir estos animales al mar porque además salvarlos con antibióticos es inimaginable.

«Es muy difícil en la escala en la que tendrías que hacerlo en un arrecife para detener o revertir la enfermedad», detalló Baker.