En un intento por volver a las clases en todos los niveles pero sin disparar la curva de contagios de coronavirus, desde el gobierno de Austria idearon una forma dulce para testear a los más chicos sin que se den cuenta y sin molestias. ¿De qué manera? Con chupetas.

Las autoridades del país probaron en jardines de infantes dispositivos de detección de covid-19 en forma de esta golosina, una alternativa para los niños que temen los test nasales o en la garganta.

El objetivo es volver a la presencialidad en todos los ámbitos, todo lo que se pueda, pero sin reportar una nueva ola. Por eso estos nuevos test, porque con la reapertura de los centros escolares, se teme que las variantes más contagiosas del virus se expandan, especialmente entre los niños.

La provincia austriaca de Burgenland ya reservó 35.000 de estas pruebas de detección. Los padres de la región recibieron una carta para informarles que cada niño recibiría gratuitamente tres de estos test por semana.

“Es lógico tener controles más estrictos en el ámbito de la educación”, dijo Dominik Krotschek, padre de un niño de tres años. “No ha habido ningún problema: hoy lo volvimos a hacer y funcionó bien”, agregó.

¿De quién es la idea de las chupetas?

Manuela Foedinger dirige el laboratorio del hospital Kaiser-Franz-Joseph de Viena y es la mente detrás de estos chupetines. Antes ya había creado otro método fácil de usar, con gárgaras, muy implementado en Austria.

Actualmente, lleva a cabo un estudio en cinco jardines con niños entre uno y seis años para determinar la fiabilidad de estos test con miras a extender su uso.

El nuevo método se analiza en el país al tiempo que el gobierno del canciller conservador Sebastian Kurz se enfrenta a un dolor de cabeza por el brote de hace un año en la estación de esquí de Ischgl, en el Tirol austriaco, desde donde el coronavirus se propagó a Europa.

La viuda de un hombre que murió por Covid-19 allí, solo en la habitación de un hospital en las afueras de Viena, acusa junto a otros demandantes a las autoridades austriacas de negligencia por haber tardado en reaccionar cuando se detectaron los primeros casos.

Pese a una primera alerta el 5 de marzo, los esquiadores siguieron juntándose en los teleféricos y celebrando fiestas en las estaciones de la región. Ocho días después, Kurz decretó un confinamiento local (uno de los primeros en Europa) y pidió a los miles de turistas que se fueran de Ischgl, lo que, según las víctimas y sus familiares, desató la catástrofe.

El país, de 8,9 millones de habitantes, reporta hasta el momento 622.110 positivos, 22.331 infectados activos, 589.534 recuperados y 10.245 fallecidos.


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