La cofradía militar siempre será un enigma para nosotros los civiles. El mundo castrense maneja códigos de comunicación y conducta que son difíciles de asimilar por quienes no estamos acostumbrados a esa vida de los cuarteles; no obstante, lo que sí es detectable son los ruidos de sables que como ecos salen de las diversas comandancias de los distintos componentes. 

También es una verdad incuestionable que cuando los militares actúan, por lo general sorprenden al 99,9% de los civiles que jamás esperaríamos tal o cual movimiento de los uniformados. 

Sin embargo, en medio de la convulsionada realidad venezolana se escucha el malestar de los militares.

Es más que curioso que Vladimir Padrino López se mantenga como Ministro de la Defensa de la usurpación y que el General Jesús Suárez Chourio salga de la Comandancia General del Ejército, también merece mención que el Almirante en Jefe Remigio Ceballos Ichazo quede ratificado como jefe del Comando Estratégico Operacional de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (CEOFANB).

Éste último ha sido mencionado, en algunos medios de comunicación y en las redes sociales, como uno de los altos oficiales de la Marina de Guerra que no movió un dedo para evitar el asesinato de su compañero se la .arina de Guerra, Capitán de Corbeta, ascendido por Guaidó a Capitán de Fragata, Rafael Acosta Arévalo, hecho que por más que lo quieran ocultar ha traído cola dentro del seno de los militares venezolanos. 

El crimen del Capitán dentro de las mazmorras de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DIGCIM), ha despertado indignación, a tal punto que muchos militares han pedido responsables inmediatos e incluso han generado acciones de presión contra el mismísimo Nicolás Maduro.

A todas estas, pareciera que los civiles somos simples testigos y mirones de palo, en medio de una puja por el poder que se está llevando adelante entre los uniformados venezolanos. No olvidemos que Maduro no termina de confiar en los militares profesionales y menos ante los claros indicios que Padrino López sabía, e incluso estaba involucrado, en los hechos que se suscitaron el pasado 30 de abril. 

La situación en los cuarteles está color de hormiga brava; Maduro deja a Padrino, seguramente movido por las presiones de numerosos efectivos del ejército, pero igualmente mantiene a un Remigio Ceballos Ichazo que en teoría pudiera mantener a raya al Ministro de la Defensa. 
Todo esto, sin analizar a profundidad las causas verdaderas de la salida de Jesús Suárez Chourio, ya que no están claras para nadie. 

Además, las mismísimas conversaciones llevadas adelantes en Barbados por los enviados del Presidente Juan Guaidó y por los representantes de la usurpación venezolana, pudieran ser como una válvula de escape realizada por el régimen de Maduro ante las amenazas que tiene encima emanadas desde las FAN. 

No es descartable, que Nicolás Maduro sepa que la inestabilidad militar pueda dar al traste con su usurpación, resultando en consecuencias terribles para él y para los suyos. Tal vez, ante este posible escenario esté optando por una salida negociada, acordada y con mejores condiciones para él.

Todo esto, sería hipótesis. Mientras tanto los sables siguen sonando, y Maduro sigue repitiendo, entre murmullos, la frase: “uniformes vemos, sentimientos no sabemos”.