El día que se encontró a Timoteo Mendieta, después de que un juez español aceptara la solicitud de la jueza Servini, fue la primera vez que el cuerpo de una víctima del franquismo se recuperaba a través de un proceso judicial | Foto: Público.es

Ascensión Mendieta dedicó toda su vida a la búsqueda de la justicia. Se afanó en encontrar los restos perdidos de su padre, asesinado durante la Guerra Civil Española, para un día ser enterrada junto a él.

A su padre le encontró en 2016 y este martes, cuando falleció en Madrid a los 93 años, fue sepultada en la misma tumba.

Timoteo Mendieta, el padre de Ascensión, fue encontrado en el cementerio de la ciudad española de Guadalajara en 2016, después de una incesante búsqueda durante casi 80 años. Luego del hallazgo, sus restos fueron trasladados a Madrid.

Timoteo había sido ejecutado por un pelotón de las tropas nacionalistas del general Francisco Franco en 1939 y su cuerpo arrojado a una fosa común.

Ascensión tenía 13 años cuando murió su padre, y desde entonces no paró hasta encontrar sus restos perdidos.

Su lucha fue compartida por otras muchas personas cuyos familiares murieron durante el conflicto español y yacen hoy en sepulturas anónimas.

A sus 88 años, Ascensión Mendieta se volvió el símbolo de la campaña por recuperar los cuerpos no localizados de víctimas del franquismo.

A esa edad se desplazó hasta Argentina, donde una jueza se interesó por esta campaña y, basándose en la justicia universal, ordenó al gobierno español desenterrar algunas de las fosas reclamadas, incluida la del padre de Ascensión.

«Ahora puedo descansar en paz», dijo en 2016, el día que las pruebas de ADN confirmaron que los restos encontrados eran los de su padre.

Condenado a muerte

Ascensión nunca olvidó cómo, a sus 13 años, abrió la puerta a la hora del almuerzo a un grupo de hombres que ella describiría como «bien hablados».

Era el otoño de 1939 y los hombres bien hablados eran soldados preguntando por su padre. Al encontrarle en casa le llevaron arrestado a la ciudad de Guadalajara, al noreste de Madrid.

De acuerdo con la familia, Timoteo Mendieta no luchó en el derrotado bando republicano en la Guerra Civil Española (1936-1939).

Además de ser el carnicero del pueblo, Timoteo era el jefe del sindicato local, conocido como la Unión General de Trabajadores (UGT).

En los primeros momentos del gobierno militar de Francisco Franco, esto podía ser suficiente para aplicar la pena de muerte.

Mendieta fue fusilado ante uno de los muros del cementerio de Guadalajara el 16 de noviembre de 1939, donde se cree que otras 822 ejecuciones se llevaron a cabo hasta 1944.

Más de 100.000 víctimas del franquismo están enterradas en fosas sin nombre alrededor de España.

Solicitud de restos

A la familia no se le permitía visitar la fosa común donde creían estaba enterrado Timoteo, y en su lugar arrojaban flores desde el otro lado de la pared del cementerio.

Además de la crueldad de la ejecución de su padre, Ascensión también recordaba los duros momentos que pasó su madre, obligada a mudarse a una habitación a Madrid.

«A mi madre la dejaron sola con siete hijos. No siento rencor, pero todos aquellos que murieron injustamente deberían estar enterrados en ataúdes decentemente», dijo una vez.

Cuando se restauró la democracia en España, tras la muerte de Franco en 1975, Ascensión y su familia solicitaron sin éxito a las autoridades buscar la ubicación exacta de los restos de su padre.

Después, al cumplir los 88 años de edad, Ascensión voló a Argentina para añadir su caso al creciente archivo recopilado por la jueza argentina María Servini, quien llevó a cabo una investigación promovida por la asociación para la recuperación de la memoria histórica en España por crímenes contra la humanidad cometidos durante el franquismo.

El día que se encontró a Timoteo Mendieta después de que un juez español aceptara la solicitud de la jueza Servini, fue la primera vez que el cuerpo de una víctima del franquismo se recuperaba a través de un proceso judicial.

«De no ser por esa jueza en Argentina, nunca le habríamos encontrado. En España nadie ha hecho nada por los muertos», lamentó Ascensión.

«Heridas infectadas»

Los primeros pensamientos de Ascensión tras el hallazgo fueron para su hermana Paz, con quien tocó puerta por puerta en Guadalajara y Madrid en la búsqueda de justicia. Pero Paz murió antes de que el deseo se consumara.

La lucha personal de Ascensión le convirtió en figura pública en sus últimos años.

Llevaba su celebridad con una sonrisa, pero siempre tuvo una visión clara de la injusticia que su familia y miles más tuvieron que soportar durante el franquismo, y lo que consideraba como un fracaso del moderno Estado español para aceptar la realidad del país.

Después de que el ataúd de Ascensión bajara a la misma tumba de su padre, uno de sus cuatro hijos, Francisco Vargas Mendieta, pronunció palabras para honrar la figura de su madre:

«Muchos dicen que lo que hizo Ascensión y hacemos otros es reabrir heridas, pero, sinceramente, nuestras heridas ya están infectadas».